Volvemos a clase. Solemos recordar las vacaciones a principios de trimestre (es un buen tema de conversación para las clases de inglés) y, como no, siempre sale el tema de los regalos navideños.
Me llama la atención cómo los regalos se van haciendo más homogéneos a medida que crecen. Y si en 1º de la ESO todavía hay alguna pelota o algún juego de mesa, al ir avanzando en edad, todas y todos suelen recibir lo mismo: dinero, colonia, ropa, videojuegos, etc. Lo que habría que ver es qué tipo de videojuegos o en qué emplean su dinero según sean chicas o chicos.
La gran diferencia está, desde luego, en primaria, cuando reciben regalos diferentes según su sexo, o según lo que las familias (o las tiendas) piensan que corresponde a su sexo.
Esto es lo que ha pensado El Corte Inglés que había que regalar a las niñas estas Navidades:
Y esto a los niños…
No creo que un sólo regalo vaya a definir tu futuro, pero estaría bien empezar a dar más opciones. A mi sobrina le encantan los bebés (¿y a qué niña o niño de casi dos años no le gustan?), pero también le encanta jugar con el set de herramientas: ¡le encanta arreglar su bici con el destornillador!
Si no probamos, no lo sabremos. Desde luego, desde pequeños notan las diferencias, como le pasa a Riley, esta divertida niña de que se queja de que las niñas tienen que comprar princesas y los niños superhéroes. ¡Y todas las cajas para niñas son rosa!
“But why? Some girls like superheroes, some girls like princesses…”. Este vídeo ha sido noticia en su país.
Ya hay tiendas de juguetes que empiezan a eliminar lo que se empieza a llamar “apartheid de género” (separar por colores), como en Hamleys, Londres. Esto lo cuenta un artículo muy interesante de The G5E0Cuardian (en inglés), que además hace un análisis sobre este tema y llega a la conclusión de que no hay evidencias científicas que apoyen las preferencias por colores según el sexo, que dichas preferencias son algo cultural, que han ido cambiando con el tiempo y que las preferencias actuales tienen que ver con factores de ventas y marketing. Desde luego, es para pensarse cómo el mercado puede condicionar el futuro de nuestros niños y niñas…
Por otro lado, seguro que conocemos casos de “desafíos de género”, por ejemplo, como dice Riley, chicas que le gustan los superhéroes. Pero es curioso ver cómo estamos dispuestos a aceptar estos desafíos de forma parcial. Me refiero a la tendencia a ver con buenos ojos a las chicas que prefieren juguetes típicamente masculinos, y a las reticencias a aceptar a chicos que juegan con juguetes típicamente femeninos. Esto lo expresa muy bien este artículo, del Huffingston Post (en inglés), que cuenta cómo el año anterior un director creativo estadounidense sacó en un catálogo a su hijo de cinco años pintándose las uñas de los pies de rosa y tuvo numerosas protestas, sobre todo de grupos religiosos y conservadores.
Parece ser que, en general, las niñas y niños prefieren jugar con lo que ven jugar a quienes son de su mismo sexo. Sin embargo, las chicas tienen ahora más posibilidades de elegir lo que quieren, tienen el beneplácito de los adultos en muchos casos. ¿ Y por qué no los chicos?
“kids rise or fall according to what we believe about them. In that vein, if my daughter is praised for her proclivity to traditionally male toys without public commentary that she will become a, gasp, lesbian, then why don’t we praise little boys for playing with female toys and, in turn, developing his nurturing, sensitive side? Teaching the lesson that things associated with females are considered weak or soft and things associated with men are considered strong, at such a young age, is a dangerous and slippery slope.”



Aún recuerdo cuando era pequeña y quise para Reyes un radio-control y fuimos a la tienda porque yo quería elegirlo personalmente. La cara de la dependienta cuando me preguntó “¿qué es para tú hermanito?” y yo le respondí “No, es para mí”. Lo pero de todo es que te ‘exijan’ el uso o no de ciertos juguetes.
Desde que era pequeña he salido a la calle en bici o con los patines, he jugado al fútbol, he arruinado la fachada de mi casa a balonazos, me he destrozado los pantalones jugando al baloncesto, y cuando llovía, jugaba con las muñecas. Pero lo que la gente veía era lo que hacía fuera de casa, por lo que me asignaban esos juegos ‘masculinos’ de una mentalidad hipócrita y machista de un ‘avanzado’ siglo XXI. Entonces es cuando ponen en duda tu “feminidad” algo que considero una chorrada.
Por eso a mi hermana pequeña la estay educando como me da la real gana -así deberíamos hacer todos-, y si quiere destrozarse los pantalones pues que lo haga, y cuando quiera jugar a ser mayor le dejo mis pinturas.
Nada más que añadir, un gran reportaje Laura desde mi punto de vista. ¡Saludos!