Sobre el ocho de marzo

El pasado miércoles 8 de marzo fue un día especial para mí en el instituto.

Es una de las pocas veces en los doce años que llevo de docencia activista feminista en las que noté que se hablaba con interés del tema, que se celebraba (o criticaba) el Día Internacional de las mujeres.

El miércoles la gente debatía en la sala de profesores. Muchas profesoras y algunos profesores varones se interesaban por las actividades organizadas en el centro para ese día, se lamentaban por los actuales problemas que causan la desigualdad e incluso se sumaban al paro convocado por organizaciones feministas para las doce de ese día.

Sentí que no éramos solo dos profesoras preocupadas que intentábamos concienciar a nuestro alumnado en la clase. Y eso me gustó. Muchas profesoras (y algunos profesores) hablaron del tema en clase, llevaron al alumnado a la exposición que habíamos organizado en el centro para homenajear a mujeres destacadas, o a ver la interesante proyección homenaje a mujeres destacadas que Víctor, nuestro secretario, organizó. Es clave, desde luego que el equipo directivo esté implicado y que apoye la participación en iniciativas de este tipo.

Exposición: No a la invisibilidad. Levanta tu máscara.

Me gusta que se esté popularizando la conciencia social sobre la desigualdad, que aparezcan a menudo noticias en la prensa, que artistas populares y actrices famosas se definan públicamente como feministas, por ejemplo.

Y no quiero decir con esto que no haya que seguir trabajando. De hecho, también hubo ese día voces discordantes, profesores varones que declararon que no hace falta un día como este, que ya hay igualdad. Escuché incluso frases de lo más estereotípicas, algunas pronunciadas por compañeras:  “las chicas, [cuando se portan mal], son mucho peores que los chicos”. Otras, por compañeros varones, como que la desigualdad salarial es un “bulo” o que, para que nos íbamos a engañar, la culpa de que el deporte femenino no tuviera público es de las mujeres o no me gustaría que mi hijo (varón) hiciera gimnasia rítmica. Muy sincera, por otra parte, esta última declaración, que se completó con un “pero lo aceptaría, claro”.

Esa es una de las claves del trabajo de concienciación, desde luego, aprender a vivir con las contradicciones. Es difícil cambiar conciencias, pero al menos hay que intentar cambiar actuaciones. Si eres capaz de aceptar que tu hijo o hija haga algo diferente de lo que a ti te gustaría, ya es un avance. Se hace camino al andar.

Y la culminación del día fue contar con la presencia de un grupo de alumnas (y algún alumno varón) en la manifestación por las calles de Málaga, fuera de horario escolar. Ahí es donde realmente se demuestra la implicación.

 

Gracias a Teresa, de Interred, que colabora en nuestro centro, este grupo de alumnas recibió el ánimo y estímulo suficiente para sentirse aludido. Decidieron organizar una performance con la que participaron en la manifestación. De negro, en silencio y maquilladas como mujeres maltratadas estuvieron en fila, de pie, en la plaza de la Constitución, ayudando a remover conciencias. Qué gran día.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s