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Libros de ficción y ensayo interesantes para pensar sobre la diferencia entre mujeres y hombres

Una por una: María Milagros Montoya Ramos

Una de las muchas mujeres que me inspiran.

Mª Milagros Montoya Ramos es historiadora y profesora de instituto. Dirige la editorial Sabina y coordina un taller llamado La historia verdadera en la Fundación Entredós.

Acabo de leer su magnífico libro Enseñar, una experiencia amorosa, y me ha dado muchas fuerzas para encarar los siempre duros comienzos de curso.

Me inspira cómo habla de la enseñanza como un acto de amor, como una forma de estimular el deseo de saber, que creo que se despierta, como dice Mª Milagros Montoya Ramos, cuando nos abrimos al diálogo, cuando somos capaces de enseñar el amor por lo que enseñamos.

Opino, como ella, que, para dar clases a adolescentes hay que «saber leer deseos, donde ellos y ellas ―también la sociedad― solo ven dificultades insuperables. También es preciso saber escuchar, saber esperar y confiar en las capacidades de cada cual, así como en su apertura y en su constante deseo de aprender […]». (Montoya, 2008, p. 14).

Una buena lectura para comenzar el curso, de una gran mujer.

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Ana Karenina

Os recomiendo un fascinante y conocidísimo relato: Ana Karenina, una lectura que te sumerge en un mundo aparentemente lejano en el tiempo y en la cultura, pero con el que continuamente puedes evocar situaciones y emociones actuales. Es muy interesante leer la visión de Tolstoi sobre las relaciones entre los sexos y del sentido de la vida.

Grabados de Ana Karenina y el conde Vronsky para una edición de 1888. Biblioteca Nacional, Madrid.

En un libro de 800 páginas hay espacio para ahondar en todo tipo de personajes y relaciones, entre hombres, entre mujeres y entre hombres y mujeres. Las relaciones entre hombres y mujeres alcanzan su punto más conflictivo en la historia entre Ana Karenina y el Conde Vronsky.

Ana Karenina es un personaje fascinante: una mujer fuerte, resuelta, inteligentísima, que, por lo que parece ser amor, pierde el sentido de su existencia.

Ana se enamora del conde Vronsky y deja atrás su anterior vida de mujer casada y madre de un hijo, bien situada socialmente, para vivir con su amante. Esta decisión resulta en grandes sufrimientos para ella y, dada la época de la historia, en su condena al ostracismo social. Lo que al principio se desarrolla como una intensa pasión, termina por reflejar una dañina obsesión, que despiera en Ana los sentimientos más mezquinos de odio y venganza hacia el ser que se supone amado. Es precisamente el deseo de venganza lo que la lleva al suicidio. “Te arrepentirás” son las amenazadoras últimas palabras de Ana a Vronsky.

Esto es lo que pasaba por la mente de Ana justo antes del trágico desenlace (Séptima parte, capítulo XXXI):

«¿Qué estaba yo pensando antes? ¡Ah, sí! Que no encontraré una situación en la cual mi vida no sea un tormento; que todos hemos sido creados para sufrir; que todos sabemos a inventamos medios para engañarnos a nosotros mismos. Y cuando vemos la verdad no sabemos qué hacer.»

–Por eso le ha sido dada al hombre la razón: para librarse de lo que le inquieta ––dijo la mujer de delante en francés y visiblemente satisfecha de su frase, haciendo muecas y chasqueando la lengua.

Parecía que sus palabras fuesen una contestación a los pensamientos de ella.

«Librarse de lo que le inquieta …», repitió.

Y mirando al marido, grueso y colorado, y a la mujer, muy delgada, Ana comprendió que la mujer estaba enferma y se consideraba incomprendida; que el marido, con su aire satisfecho, no le hacía caso y hasta quizá la engañaba con alguna otra; y que por esto la mujer había pronunciado aquellas palabras.

A Ana le parecía ver con clarividencia toda la historia de las vidas de aquel matrimonio, penetrar en los rincones más secretos de sus almas.

Pero en ello había poco que la interesara y continuó reflexionando:

«Si algo me inquieta, tengo la razón para librarme de ello; es decir, debo librarme. ¿Y por qué no he de poder apagar la luz cuando ya no hay nada que mirar, cuando sólo siento asco de todo? Y ¿por qué ese conductor corre por este estribo? ¿Por qué están gritando esos jóvenes del vagón de al lado?

¿Por qué hablan? ¿Por qué ríen? Todo eso es mentira, engaño, maldad».

Piensa Ana que todos somos más o menos infelices... ¿Es esto lo que consigue una sociedad hipócrita, donde no hay espacio para ser una misma?

Es curioso que se califique esta historia como una historia de amor, pues creo que los sentimientos que experimenta Ana están bastante alejados de mi idea del amor como fuente de gozo, de  intercambio y apoyo.

Ana es víctima de la sociedad, no del amor, víctima de querer encontrar la felicidad a través de un hombre, como sustituto de desarrollar una vida plena dentro de los constreñimientos sociales de la época. ¡Y todavía hoy hay mujeres que se anulan a sí mismas y buscan un espejo en la persona amada!

Ana buscaba vivir a través de él y no por ella misma:

“Cuanto más conocía a Vronsky, más le amaba. Le amaba por sí mismo y por el amor en que él la tenía. El poseerle por completo colmaba su ventura. Su proximidad le alborozaba. Los rasgos de su carácter, que cada vez conocía mejor, se le hacían más queridos.

Su aspecto físico, muy cambiado al vestir de hombre civil, le era tan atractivo como podía serlo para una joven enamorada. En cuanto hacía, decía o pensaba Vronsky, Ana hallaba algo especial, elevado y noble.La admiración que sentía por él llegaba a veces a asustarla. Ana trataba de hallar en su amado algo que no fuera agradable. No se atrevía a dejarle ver la conciencia que tenía de su propia insignificancia.

Parecíale que, al verlo, Vronsky había de dejar de amarla más pronto, y ella nada temía tanto como perder su amor, aunque no tenía motivo alguno de temor a este respecto.”

Y comparada con esta visión, Vronsky piensa en estos términos:

En cuanto a Vronsky, aunque se había realizado lo que deseara por tanto tiempo, no era feliz. No tardó en advertir que la realización de sus deseos no le procuraba más que un grano de la montaña de dicha que esperó. ¡Eterna equivocación del hombre que espera la felicidad del cumplimiento de sus anhelos! Al principio de unirse Vronsky a Ana y vestir el traje civil, sintió el atractivo de una libertad general que antes no conocía, así como la libertad en el amor, y fue feliz, mas por poco tiempo.

En breve sintió nacer en su alma el deseo de los deseos: la añoranza. Involuntariamente se asía a todos los caprichos pasajeros considerándolos como deseo y fin.

Por otro lado, otro de los temas atractivos del libro es la búsqueda del sentido de la vida de uno de los personajes, Konstantín Dmítrievich Lyovin, Kostia, que parece ser el alter ego de Tolstoi.

La idea de “vivir para el bien” me resulta sumamente atractiva. No en el sentido religioso que propone Tolstoi, cristiano convencido, sino la idea de definir o dirigir nuestras acciones para “hacer el bien”. Me parece que esta es una idea valiosa que se aprende, y que la escuela puede transmitir, y que no podemos esperar que ocurra de la nada. Nuestras alumnas y nuestros alumnos andarán perdidos si no tienen la oportunidad de aprender en sus familias la opción del “bien”.

Esta es una muestra del desenlace de las tribulaciones de Levin:

“Semejantes pensamientos le torturaban con más o con menos intensidad, pero no le abandonaban nunca. Leía y meditaba y cuanto más lo hacía, más se alejaba del fin perseguido.

En los últimos tiempos, en Moscú y en el pueblo, persuadido de que no podía hallar la solución en los materialistas, leyó y releyó a Platón, Espinoza, Kant, Schelling, Hegel y Schopenhauer, los filósofos que explican la vida según un criterio no materialista.

Sus ideas le parecían fecundas cuando las leía o cuando buscaba él mismo refutaciones de otras doctrinas, en especial contra el materialismo. Pero cuando leía o afrontaba la resolución de problemas, le sucedía siempre lo mismo. Los términos imprecisos tales como «espíritu», «voluntad», «libertad», «sustancia» , ofrecían en cierto modo a su inteligencia un determinado sentido sólo en la medida en que él se dejaba prender en la sutil red que le tendían con sus explicaciones. Pero apenas olvidaba la marcha artificial del pensamiento y volvía a la vida real, para buscar en ella la confirmación de sus ideas, toda aquella construcción artificiosa se derrumbaba como un castillo de naipes y le era forzoso reconocer que se le había deslumbrado por medio de una perpetua transposición de las mismas palabras, sin recurrir a ese «algo» que, en la práctica de la existencia, importa más que la razón.

Durante una época, leyendo a Schopenhauer, Levin substituyó la palabra «voluntad» por «amor», y esta nueva filosofía le resultó satisfactoria durante un par de días mientras no se alejaba de ella.Pero luego también ésta decayó al enfrentarla con la vida y la vio revestida de unos ropajes de muselina que no calentaban el cuerpo.

Cuando Levin pensaba qué cosa era él y por qué vivía, no encontraba contestación y se desesperaba; mas cuando dejaba de hacerse estas preguntas, sabía quién era él y para qué vivía, porque su vida era recta y sus fines estaban bien definidos, e incluso en los últimos tiempos su vida era más firme y decidida que nunca.”

[…]
Todos nosotros, como seres racionales, no podemos vivir de otro modo sino para el vientre. Y de pronto Feódor dice que no se debe vivir para el vientre y que se debe vivir para la verdad y para Dios, y yo, con una sola palabra, le comprendo.

»Y yo, y millones de seres que vivieron siglos antes y viven ahora, sabios, labriegos y pobres de espíritu –los sabios que han escrito sobre esto, lo dicen en forma incomprensible– coinciden en lo mismo: en cuál es el fin de la vida y qué es el bien. Sólo tengo, común con todos los hombres, un conocimiento firme y claro que no puede ser explicado por la razón, que está fuera de la razón y no tiene causas ni puede tener consecuencias.

»Si el bien tiene una causa, ya no es bien, y si tiene consecuencias (recompensa) tampoco lo es. De modo que el bien está fuera del encadenamiento de causas y efectos. »Y conozco el bien y lo conocemos todos.”

Espero que lo disfrutéis.

(Citas de la versión electrónica de Ana karenina.)

Septiembre

Torre de maletas

Llega septiembre y nacen nuevos proyectos e se renueva la ilusión para comenzar el nuevo curso. Guardamos las maletas, pero no se acaba nuestro viaje.

Espero que también este año recorramos la travesía juntas.

Para empezar el curso con buen pie, os vuelvo a recomendar los maravillosos poemas de la premio Nobel polaca Wislawa Szymborska. Precisamente la ilustración forma parte de su Collage, incluido en un volumen de divertimentos líricos (pareados, poemas absurdos, fragmentos humorísticos…) escritos e ilustrados por ella misma.

Aquí podéis leer algunos de sus poemas.

Vacaciones

Aquí van recomendaciones de lecturas para disfrutar los largos días de descanso vacacional.

Sobre historia:
Mi historia de las mujeres. Un relato sobre historia de las mujeres imprescindible.
Sobre educación:
Educación, nombre comun femenino. Experiencias de educación donde el ser mujer no es un dato indiferente.
(Pinchad aquí para leer la inspiradora presentación de la editora, Nieves Blanco)
Sobre cultura de paz:
Mujeres ante la guerra.

Y algunas autoras y obras fantásticas:

  • Orlando, una novela inclasificable de Virginia Woolf
  • Una habitación propia, ensayo sobre las mujeres y la escritura, también de Virginia Woolf (cualquier libro de Virginia Woolf merece la pena. Os animo a descubrirla, si no la habéis leído todavía).
  • Cuentos de Katherine Mansfield, Kate Chopin, y Alice Munro.

Espero que las disfrutéis. Feliz agosto.

Mi historia de las mujeres

Mi historia de las mujeres es en realidad “nuestra historia de las mujeres, la historia de las relaciones entre los hombres y las mujeres”.

Michelle Perrot hace en este libro un interesantísimo recorrido, muy personal, por la historia de las mujeres, que, aunque parezca extraño, no siempre ha existido, al menos, como ella misma declara “no en el sentido colectivo del término, que no abarca sólo las biografías, las vidas de las muejeres, sino las mujeres en su conjunto y a largo plazo”.

Durante cinco amenos capítulos se adentra en temas como las fuentes historiograficas y las representaciones de la mujer, sobre el cuerpo, el alma, el trabajo o el movimiento feminista, para intentar responder a preguntas como en qué cambian o cambiaron las relaciones entre los sexos o cómo evolucionó la diferencia entre los sexos en la historia y en diferentes contextos.

Conocer la historia distinta de la escrita desde el punto de vista androcéntrico es enriquecedor y necesario.  Además, “el desarrollo de la historia de las mujeres acompaña en sordina el “movimiento” de las mujeres hacia su emancipación y liberación”.

Más info

Mujeres y paz

En enero se celebra el Día Internacional por la Paz. Es un buen momento para dar a conocer las aportaciones de las mujeres a la difusión de una cultura de paz.

Cartel con algunas de las Redes de Mujeres de diferentes partes del mundo que trabajan por la paz.

Somos mujeres activistas ante la vida
y activas en la vida. Vamos
contagiándonos unas de otras.
Nuestro contagio es un puente de
unión por el que caminamos de una a
otra parte, dejando huellas que
dibujan caminos diferentes, llenos de
pensamientos, simbologías, afectos y
memorias.

Mujeres de Negro de Sevilla

Para llevarlas a vuestros centros,  podéis encontrar en la web de abajo biografías de muchas de estas mujeres que, con su tesón y esfuerzo, trabajan para difundir valores de cuidad, ternura y diálogo, imprescindibles para una sociedad en la que gestionar los conflictos de forma no violenta.

www.1325mujerestejiendolapaz.org

Estas biografías conforman un precioso libro que se llama 1325 mujeres tejiendo la paz, y que tiene el objetivo difundir el papel de las mujeres en la construcción de la paz. Hace referencia a la Resolución 1325 aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el año 2000.

El libro de las madres

“Os afirmo y os juro que nunca os he mirado con indiferencia ni con la languidez que da a veces la costumbre. Ni mis ojos ni mi corazón se han acostumbrado jamás a vuestra vista, y jamás os he mirado sin alegría y sin ternura; y si ha habido momentos en los que no se mostraran, era cuando más intensamente las sentía. No es pues eso lo que puedo reprocharme; pero siento no haberos visto lo bastante, y que haya habido crueles obligaciones que a veces me privaron de ese placer.”

“Mi corazón está en reposo cuando está junto a vos: es su estado natural y el único que puede complacerle […] Os busco sin cesar, y encuentro que todo me falta, porque vos faltáis.”

Cualquiera diría que estas palabras son ardientes palabras de amor entre amantes, que expresan pérdida y añoranza del ser querido. Pues bien, son palabras de amor, sí, pero no de deseo amoroso, sino palabras de amor filial. Así se expresa Madame de Sévigné, en el siglo XVII, en las cartas que le escribe a su hija, que se ha marchado a vivir lejos de ella. Estas cartas están reconocidas hoy como uno de los grandes clásicos de la literatura francesa.

Las acabo de descubrir porque están incluidas en un reciente libro publicado por la editorial 451, El libro de las madres. Este libro recoge textos literarios de todos los tiempos recopilados por Laura Freixas en un intento de explorar lo que se ha escrito sobre la figura de las madres, del significado de la maternidad y el amor maternal.

Laura Freixas reconoce que no ha sido fácil encontrar textos que hablaran de la maternidad en primera persona antes del siglo XX. Como afirma: “si en general las mujeres ‘son dichas’ más que ‘se dicen’, si los personajes femeninos suelen ser vistos desde fuera -y cuando son desde dentro es un autor masculino el que les da voz-, esto puede predicarse mucho más de las madres.” Aún así consigue recopilar textos interesantísimos como las Carta de M. Sévigné y que van desde textos de la Metamorfosis de Ovidio a relatos cortos de Katherine Mansfield,  Emilia Pardo Bazán o Benito Perez Galdós.

En concreto, el caso de las Cartas, como ejemplifica las citas de arriba, nos descubre un lenguaje propio; el lenguaje que se asocia a la lírica tradicional (del deseo amoroso, más del hombre hacia la mujer, que a la inversa) traspasa esa barrera y refleja el amor de una madre por su hija desde un punto de vista diferente.  La diferencia femenina aparece con fuerza y gran belleza en estas palabras.

Orlando

Os recomiendo leer Orlando, de Virginia Woolf, una novela inclasificable. Virginia Woolf te lleva a descubrir muchas facetas de la vida, las costumbres y el espíritu inglés, además de su literatura, a lo largo de tres siglos. Y todo lleno de una creatividad y una magia desbordante. Dicen que incluso adelanta lo que después se vino en llamar “realismo mágico” en la literatura latinoamericana.

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Es la historia de la vida de Orlando, un joven noble que se convierte en mujer. Qué lucidez de mente para mostrar lo que conlleva un cambio de sexo. Orlando examina lo que significa ser hombre y ser mujer:

“Algunos filósofos dirán que el cambio de traje tenía buena parte en ellos. Esos filósofos sostienen que los trajes, aunque parezcan frivolidades, tienen un papel más importante que el de cubrirnos. Cambian nuestra visión del mundo y la visión que tiene de nosotros el mundo. Por ejemplo, bastó que el capitán Bartolus viera la falda de Orlando, para que le hiciera instalar un toldo, le ofreciera otra tajada de carne y la invitara a desembarcar con él en su lancha. Ciertamente no hubiera sido objeto de estas atenciones si sus faldas, en vez de ahuecarse, se hubieran pegado a sus piernas como bombachas. Y cuando somos objeto de atenciones debemos retribuirlas. Orlando había saludado, había aceptado, había halagado el humor del buen hombre: lo que no hubiera sucedido si el capitán en vez de pantalones hubiera llevado faldas, y confirma la tesis de que son los trajes los que nos usan, y no nosotros usamos los que usamos los trajes: podemos imponerles la forma de nuestro brazo o de nuestro pecho, pero ellos forman a su antojo nuestro corazones, nuestras lenguas, nuestros cerebros.
A fuerza de usar faldas por tanto tiempo, ya un cierto cambio era visible en Orlando; un cambio hasta de cara, como lo puede comprobar el lector en la galería de retratos. Si comparamos el retrato de Orlando hombre con el de Orlando mujer, veremos que aunque los dos son indudablemente una y la misma persona, hay ciertos cambios. El hombre tiene la libre la mano para empuñar la espada, la mujer debe usarla para retener las sedas sobre sus hombros. El hombre mira el mundo de frente como si fuera hecho para su uso particular y arreglado a sus gustos. La mujer lo mira de reojo, llena de sutileza, llena de cavilaciones tal vez. Si hubieran usado trajes iguales, no es imposible que su punto de vista hubiera sido igual.”

(en la página 179 de la ediación de Clásicos del s. XX de El País.)

¡Cuánto le deben a Virginia Woolf los Estudios de Género! Y un último extracto tan brillante como esclarecedor (pág. 145):

“Vale más, pensó, estar vestida de ignorancia y pobreza, que son los hábitos oscuros de nuestro sexo; vale más dejar a otros el gobierno y la disciplina del mundo; vale más estar libre de ambición marcial, de la codicia del poder y de todos los deseos varoniles con tal de disfrutar en su plenitud los arrebatos más sublimes de que la mente humana es capaz, que son (…) la contemplación, la soledad, el amor. ¡Gracias a Dios que soy una mujer!, gritó y estuvo a punto de incurrir en la suprema tontería – nada es más afligente en una mujer o en un hombre- de envanecerse de su sexo, cuando se demoró en la extraña palabra (…) amor. El amor, dijo Orlando. Inmediatamente – tal es su ímpetu- el amor tomó forma humana -tal es su orgullo. Los otros pensamientos se resignan a ser abstractos; éste no descansa hasta no revestirse de carne y sangre, matilla y enaguas, calzone y justillo. Y como todos los amores de Orlando habían sido mujeres, ahora, con la culpable lentitud que ponen los organismos humanos para adaptarse a un cambio de convenciones, aunque mujer ella misma, era otra mujer la que amaba; y si algún efecto produjo la conciencia de la igualdad de sexo, fue el de avivar y ahondar los sentimientos que ella había tenido como hombre. Pues ahora se le aclararon mil alusiones y misterios antes oscuros. La oscuridad que separa los sexos y en la que se conservan tanta impurezas antiguas, quedó abolida (…)

Es sólo una muestra. Animaos a descubrirla.

Mujeres ante la guerra

Os recomendamos un libro muy interesante sobre el tema de las mujeres y la cultura de paz:

mujeresantelaguerra

Mujeres ante la guerra
Desde donde estamos
Cynthia Cockburn

¿Por qué hay tantas mujeres que se movilizan contra el militarismo y la guerra? ¿Y por qué con frecuencia forman organizaciones sólo de mujeres? Este libro, fruto de unos 130.000 km de viajes durante un período de dos años, examina el activismo femenino contra la guerra en lugares tan lejanos unos de otros como Sierra Leona, Colombia o la India. Nos muestra mujeres situadas en lados diferentes en los conflictos de la ex Yugoslavia y de Israel, mujeres que rechazan el racismo, el odio y la culpa colectiva, que trabajan conjuntamente en pro de la paz y la justicia. Esta obra describe las redes internacionales que se oponen tanto al militarismo estadounidense como al de Europa Occidental, y a la llamada «guerra contra el terrorismo» y su racismo subyacente.

Cynthia Cockburn es investigadora y activista de la Red Internacional de Mujeres de Negro.

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