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Homenaje a mujeres de hoy y ayer. Unas se van pero otras llegan.

Maestras que admiro: Elena Serrano

Ayer se celebró en Málaga un acto para conmemorar la “excelencia educativa” de profesorado y alumnado de la provincia que ha recibido algún premio en diferentes ámbitos educativos. Está bien que la Junta quiere “homenajear la excelencia”. El problema es que la excelencia no se mide sólo con premios y reconocimientos, sino con la huella que se deja con el trabajo y el amor que se pone a diario en el aula. ¿Y cómo se mide esa huella? ¿Cómo se mide el amor?

Puede que Elena Serrano no haya recibido ningún premio (demasiado modesta para presentarse, o demasiado ocupada para preocuparse), pero es una profesora excelente.

Elena Serrano es profesora de Historia del IES Vicente Espinel de Málaga, es una luchadora y una feminista que lleva más de treinta años en la enseñanza, por pura vocación, guiando a sus alumnas y alumnos, haciéndoles partícipes de sus variadas y profundas experiencias vitales, de sus viajes, de sus pensamientos, de su indignación ante lo que ocurre a su alrededor.

Elena es una maestra excelente, una verdadera “vigía de la sociedad y de la historia, que ha logrado mirar y ver a lo lejos percibiendo con máxima acuidad el presente”, utilizando las palabras de María Zambrano.

Sus alumnas y sus alumnos seguro que disfrutan enormemente del entusiasmo que sabe transmitirles en clase. Los mueve, eso es seguro, si no, ¿cómo es posible que consiga que una alumna se disfrace de Clara Campoamor y lea su acalorado discurso ante las Cortes para conmemorar el 75º aniversario del voto femenino? ¿cómo engancha a sus chicas y chicos para implicarlos en un intenso trabajo de investigación para poder planear juntos un viaje escolar a Bolonia? ¿cómo transmite su sentido de la justicia y los embarca  en acaloradas discusiones o consigue que se expresen, haciendo teatro o escribiendo, y que además ganen premios por ello?

Precisamente ha sido una alumna de Elena, Sara Ssamdi Baroudy, la que ha obtenido uno de los primeros premios del Concurso de redacción sobre igualdad de género de la Fundación José Tomás. Esta es la redacción premiada de Sara.

Puede que Elena no tenga ningún premio institucional, pero se debe sentir maestra excelente.

Yo me siento afortunada por tenerla como maestra, pues, vuelvo a tomar prestadas bellas palabras de Zambrano: “entre las venturas que me ha deparado la vida, una de las mayores es la de haber tenido maestros”, pues  “no tener maestro es no tener a quién preguntar, y más hondamente todavía, no tener ante quién preguntarse”.

Gracias Elena.

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Seminario – Aspasia: Mujer y poder

Esta semana hemos tenido la oportunidad de asistir al seminario Aspasia: Mujer y poder, en Málaga. Como cada año, se han reunido sabias mujeres de diferentes ámbitos para intercambiar experiencias y saberes con el público asistente.

El martes pudimos escuchar a Amparo Rubiales, abogada y Consejera de Estado, hablando de mujeres y poder político.

La abogada hizo una apasionada defensa de la necesidad de hacer visibles a las mujeres en todos los campos, y especialmente en política, donde gracias a las leyes de paridad aprobadas en la Convención de Atenas, ha aumentado el número de mujeres que representan a toda la sociedad hoy en día. Y todo esto para luchar contra la mayor injusticia, que, para ella, “es aquella derivada del sexo”.

Es precisamente desde el ámbito político donde se puede actuar en otras esferas de la sociedad para dar visibilidad a las mujeres. Por ejemplo, se está trabajando sobre una ley de cotitularidad compartida para las explotaciones agrarias, pues todavía el 80% de dichas explotaciones tienen como titular a un varón, a pesar de que es una realidad que las mujeres participan activamente en el mundo agrario. Este es sólo un ejemplo que Amparo Rubiales sacó a colación en su defensa de la presencia de mujeres en política, y siempre dejando claro que: “más presencia no significa directamente más poder”, pues “el poder todavía es masculino”, por lo que aboga por caminar hacia la búsqueda de un poder propio, no delegado por los hombres. Todavía es frecuente ver cómo los partidos políticos ponen trabas a consolidar el liderazgo de mujeres políticas, por ejemplo, renovándolas continuamente en diferentes cargos.

En este sentido ya comentó al comienzo de su exposición que “algunas diferencias hay en esto de que el poder lo detente una mujer”, aunque me quedé con ganas de preguntarle sobre este tema, ya que no hubo debate por falta de tiempo.

Estoy convencida, como Amparo, de que las mujeres ejercen otro tipo de liderazgo, un liderazgo que tiene en cuenta a quienes le rodean, que empatiza y comparte. Amparo, desde luego, me pareció un ejemplo: lo primero que hizo fue nombrar a sus amigas y compañeras con las que ha compartido y comparte ideas políticas y voluntad de cambio social. Es muy importante dar voz a otras mujeres a través tuya, reconocerles autoridad y extender redes.

Después pudimos disfrutar de Catalina Lara, catedrática de Bioquímica y Biología  Molecular de la Universidad de Sevilla.

Catalina Lara tituló su conferencia Mujeres y Ciencia: ¿una pasión posible? Y precisamente lo que hizo fue una vehemente defensa de la pasión como motor de la ciencia, y de la vida en general; un motor que mueve a muchas mujeres.

La sociedad todavía no parece tolerar la pasión por la ciencia en las mujeres. O al menos no la ha tolerado hasta ahora, pues nos recordó la ausencia de muchas mujeres científicas en la historia, pero nos dejó claro que la ciencia no sería hoy lo que es sin la aportación de muchas mujeres anónimas o poco conocidas.

Catalina Lara piensa que todavía hoy muchas mujeres encuentran obstáculos para dedicarse a la ciencia. Muchos obstáculos son internos, pero otros son reales, aunque poco palpables. Según la profesora Lara, hay factores sutiles de discriminación que dificultan el liderazgo de las mujeres en el mundo científico, por ejemplo, el hecho de que las mujeres dirigan frecuentemente proyectos de investigación de poco presupuesto y con pocos miembros, frente a sus colegas varones que suelen contar con mayor apoyo económico.

Frente a este tipo de obstáculos, Catalina Lara propone fomentar las redes de mujeres en la ciencia y olvidarse de la ilusión de la meritocracia, pues la cooptación es frecuente en el mundo de la ciencia y no favorece a las mujeres que todavía no están en posiciones de poder en número suficiente (son poco más de un 20 % las catedráticas en las facultades de ciencias).

Como ya comentó Amparo Rubiales, la catedrática de la Universidad de Sevilla defendió una forma de liderazgo diferente a la de los varones de las mujeres en las ciencias. Las mujeres parecen utilizar la notoriedad que reciben en sus investigaciones para el cambio y el beneficio de la sociedad en lugar de para beneficio propio. El caso de Marie Curie y otras investigadores son claros.

Parece ser que Marie Curie se dedicó a visitar el Frente durante la Primera Guerra Mundial con una de las primeras máquinas de rayos X para poder examinar a los soldados y averiguar el lugar exacto donde habían recibido metralla para extirparla con seguridad. Otras mujeres científicas premios Nobel, como Dorothy Crowfoot Hodgkin o Rita Levi-Montalcini, han utilizado su notoriedad para el trabajo pacifista y el desarrollo social respectivamente con sendas fundaciones para estos fines. Además, Françoise Barré-Sinoussi, premio Nobel por haber descubierto el virus del sida, hace viajes frecuentes a África para formar a personal sanitario sobre esta enfermedad. Mujeres encomiables, sin ninguna duda.

Virginia Woolf

Ya hablé hace tiempo de uno de mis libros preferidos de Virginia Woolf, Orlando. Hoy quería volver a hablar de ella, de una escritora que no me deja de admirar y sorprender.

¡ Qué difícil utilizar las palabras justas para describir las sensaciones que consigue despertar la escritura de Virginia Woolf!

Aunque ella misma ofrece una explicación: que las palabras dicen la verdad, pero no tienen dueño, que por muchos esfuerzos que el/la escritora haga, las palabras tienen su propia forma de actuar, “no existe nada más desenfrenado, libre, irresponsable y difícil de enseñar. Por supuesto, se pueden atrapar, ordenar y poner en orden alfabético dentro de un diccionario. No obstante, las palabras no viven en los diccionarios, viven en la mente. Si queréis una prueba de ello, considerad con qué frecuencia, en los momentos emotivos, que es cuando necesitamos más palabras, no hallamos ninguna.”

Esto lo dice en un escrito titulado “Craftsmanship”, incluido en el libro The Death of the Moth and Other Essays (1942) . La única grabación que se conserva de Virginia Woolf es precisamente un extracto de este artículo. Escuchad su fantástica dicción:

Aquí tenéis la trascripción (en inglés).

Este libro se ha traducido y publicado recientemente con el título La muerte de la polilla y otros escritos en la editorial Capitán Swing. Os lo recomiendo fervientemente.

Además de este ensayo, contiene otros muchos escritos reveladores como “La marea de Oxford Street”, un relato lleno de ironía sobre los “atractivos” del consumo en una calle comercial, “Pensamientos de paz durante un ataque aéreo”, donde reivindica posturas pacifistas y la tesis de Tres Guineas de que las mujeres deben crear un mundo en el que la guerra no tenga lugar, o “Recuerdos de un gremio cooperativo de mujeres trabajadoras”, donde recuerda los inicios del movimiento sufragista.

En fin, una joya, que además está presentada por Gloria Fortún, a la que admiro y sigo en su blog La letra escarlata.

Animaos a leerla.

Una por una: Yolanda Mukagasana

El pasado mes de noviembre tuve el placer de escuchar a Yolanda Mukagasana, mujer tutsi ruandesa que se vio obligada a huir de su país tras el genocidio de 1994. Venìa a Málaga invitada por Aspa para dar una conferencia titulada “La conciliación en Ruanda”.

Nos aclaró la historia del conflicto en Ruanda y nos contó la historia de su vida.

Ruanda es un país con tres distintas etnias: tutsis, hutus y twas (basadas en la clase social, pues tenían la misma lengua y cultura) que parecían coexistir pacíficamente hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando pasó a ser protectorado belga y las diferencias étnicas fueron institucionalizándose y transmitiéndose desde la escuela, empezando una educación en el odio que desembocó en el genocidio que tuvo lugar mucho después.

Durante el conflicto, Yolanda Mukagasana perdió a sus hijos y a la mayoría de su familia y huyó a Bélgica, donde vive actualmente. Ahora viaja por el mundo dando a conocer lo que de verdad ocurrió, llamando a la reconciliación y pidiendo justicia reparadora para un pueblo que todavía tiene que sanar muchas heridas.

Ella es el ejemplo perfecto de reconciliación, pues ha dedicado su vida a adoptar a niños y niñas ruandeses, tanto tutsis como hutus, con secuelas del conflicto.  Dice que se sigue considerando una madre, aunque perdió a todos sus hijos, pues “los niños del mundo me pertenecen”, y “hay que encontrar cómo vivir juntos”.

Su hijo menor es fruto de una violación, pero ella piensa que “la humanidad está en el interior de cada uno” y que seguro que él reproducirá el amor que ella le da, a pesar de las circunstancias en las que haya nacido.

Además, nos habló del papel fundamental que están teniendo las mujeres actualmente en Ruanda. Por ejemplo, hay una mayoría parlamentaria femenina en el país y las mujeres tienen una labor muy relevante en la Comisión de Reconciliación. Estas mujeres han conseguido que se paren leyes como la poligamia, que quería ser reintroducida en el país tras el genocidio y están adoptando, como Yolanda, huérfanos del conflicto.

Agradezco a Aspa el privilegio de escuchar a esta gran mujer que reivindica el valor de la humanidad como sanador y vital para la reconstrucción de su país: “no hay humanidad sin perdón, ni perdón sin justicia, ni justicia sin humanidad”.

Una por una: Vivian Maier

Unas mujeres que, desgraciadamente, se van y otras que salen a la luz.

Acabo de descubrir a Vivian Maier, fotógrafa americana(1926-2009) de la que se sabe muy poco. Precisamente hace muy poco se descubrieron más de 100,000 negativos con sus fotos en un mercadillo y, desde entonces, su descubridor, John Maloof está divulgando su trabajo y recaudando dinero para hacer un documental sobre su obra.

Se sabe muy poco sobre su vida, que fotografiaba escenas callejeras con una mirada muy especial, que llegó desde Francia a Chicago en los años 30 y que ejerció de cuidadora en varias casas.

Parece ser que le encantaba el cine, y aprendió inglés viendo películas y que le interesaban las ideas socialistas y feministas. La mayoría del tiempo lo pasaba con su cámara recorriendo las calles vestida con una chaqueta de hombre y un gran sombrero y se sabe que también viajó sola a varios países exóticos (de los que hay documentos gráficos).

Una fascinante historia que se irá descubriendo poco a poco.  Aquí os dejo algunas de sus fotos.

Más información:

Una por una: María Milagros Montoya Ramos

Una de las muchas mujeres que me inspiran.

Mª Milagros Montoya Ramos es historiadora y profesora de instituto. Dirige la editorial Sabina y coordina un taller llamado La historia verdadera en la Fundación Entredós.

Acabo de leer su magnífico libro Enseñar, una experiencia amorosa, y me ha dado muchas fuerzas para encarar los siempre duros comienzos de curso.

Me inspira cómo habla de la enseñanza como un acto de amor, como una forma de estimular el deseo de saber, que creo que se despierta, como dice Mª Milagros Montoya Ramos, cuando nos abrimos al diálogo, cuando somos capaces de enseñar el amor por lo que enseñamos.

Opino, como ella, que, para dar clases a adolescentes hay que «saber leer deseos, donde ellos y ellas ―también la sociedad― solo ven dificultades insuperables. También es preciso saber escuchar, saber esperar y confiar en las capacidades de cada cual, así como en su apertura y en su constante deseo de aprender […]». (Montoya, 2008, p. 14).

Una buena lectura para comenzar el curso, de una gran mujer.

Una por una: Pepa Álvarez, directora andaluza

Pepa Álvarez es una guionista y realizadora andaluza, autora de los documentales: El Planeta del Oriente, El Vuelo del Cazador, La casa de las sirenas y A volar.

Como Directora cinematográfica ha realizado dos cortos, El Finiquito y Las que perdieron, obteniendo por este último el premio de Calidad del Ministerio de Cultura.

Aquí tenéis una muestra de su documental Las que perdieron, un precioso homenaje a tantas y tantas mujeres que han llevado una vida marcada por los prejuicios y la resignación.

Esta es su página web.

Violencia contra las mujeres

Aquí tenéis un documento gráfico en memoria de las últimas muertes y todas las anteriores.

Ser trata de un repaso por los archivos televisivos de los últimos cincuenta años por Isabel Coixet. Las noticias de las muertes de mujeres a manos de sus parejas y exparejas se solapan con publicidad y perlas sexistas que todavía hoy están en el subconsciente colectivo de nuestro país.

Pinchad aquí para ver el vídeo: La mujer, cosa de hombres.