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Mujeres y paz, continuación

Otra visión de la guerra muy necesaria, una visión diferente a la que nos ofrecen los medios de comunicación, la visión de quienes viven la guerra en primera persona.

Zainab Salbi cuenta historias fuertes de la “retaguardia”; historias de mujeres que siguen con la vida cotidiana durante los conflictos, y hace un llamado a que las mujeres tengan un lugar en la mesa de negociaciones cuando la lucha termina.

“La guerra no se trata de ruido, sino de silencio, el silencio de la humanidad”, “La paz es el hecho de que me vuelvan a crecer las uñas de los pies”… Food for thought

Más sobre mujeres y paz en este blog, aquí.

 

 

 

Mujeres y paz: una reflexión

La violencia que nos rodea es un tema preocupante. Lo que me anima y me da esperanzas es ver el inmenso trabajo de muchas mujeres que nos enseñan estrategias para enfrentarnos a ella, como el trabajo de la Red de Mujeres de Negro y muchas otras sobre las que ya he publicado algunas entradas.

Creo que es necesario sacar a relucir el trabajo de estas mujeres que son referentes a la hora de enfrentarse a los conflictos sin violencia y por eso me alegra sobremanera que sean tres mujeres las que han recibido el reciente Premio Nobel de la Paz. Enhorabuena a las tres: Ellen Johnson-Sirleaf, Leymah Gbowee y Tawakkul Karman.

El premio nos da una buena oportunidad para hablar de ellas en clase.

Este premio sirve de homenaje a estas tres grandes mujeres, y a la gran cantidad de mujeres que, con o sin Nobel, cada día trabajan por mejorar la convivencia y el clima de violencia a su alrededor.

Parece ser que sólo un 5% de los Premios Nobel han recaído en mujeres hasta ahora, según publica el interesantísimo blog de El País, Mujeres. El Nobel más feminizado es el de la Paz. Según este blog, el motivo de esto puede ser que:

“para optar a él no es imprescindible haber ido a la universidad. Lo que cuenta es haber dado pasos para lograr un mundo mejor, una tarea que para muchas empieza en cómo mejorar la vida de sus familias, de su entorno más próximo. A veces el activismo empieza desde tan abajo.”

Hay otras interpretaciones, por ejemplo desde el punto de vista biológico, como la del profesor de investigación del Instituto Cajal, dependiente del CSIC, Luis Miguel García Segura, que dice que “la mujer puede aportar una relación social menos agresiva en donde los conflictos se resuelvan más racionalmente” y que “quizás un mundo gestionado por mujeres sería un mundo menos violento”. Esta idea se basa en que “la agresividad es en gran medida causada por la acción de la testosterona en el cerebro, y curiosamente, el cerebro masculino disminuye su agresividad transformando la testosterona en estradiol, una hormona femenina. Por supuesto que la agresividad se controla también de manera racional. Pero los impulsos agresivos masculinos se dejan sentir en una sociedad donde prima la competencia entre los individuos”. Esto es un extracto de las declaraciones de este investigador que se recogen en un interesante artículo del número 57 de Meridiam titulado “¿El cerebro tiene sexo? ¿o la ciencia?”.

Pero hay más factores que tener en cuenta, en primer lugar, el plano simbólico, donde “[…] tres condiciones: la maternidad, lo materno y el sentimiento de ser «presa», contribuyen a que las mujeres desarrollen un pensamiento, y por lo tanto un modo de actuación, que nace de la escucha a otros cuerpos, cercano a la vida, a la experiencia concreta y singular y alejado del pensamiento abstracto”.

Por otro lado, una interpretación cultural, según la cual, “lo específicamente femenino en la cercanía al trabajo por la paz ha de buscarse en el hecho de haber estado alejadas de los lugares de poder: teniendo en cuenta que la violencia siempre es un ejercicio de poder (Fisas, 1998), el hecho de haber permanecido ajenas a los escenarios desde donde éste se ha ejercido, ha permitido a las mujeres salir de la norma de la expresión de violencia”.

El caso es que yo creo que es “posible ver una dimensión común a todas las mujeres, desde las mujeres que activamente luchan por la paz, hasta las que no están implicadas en un trabajo de este tipo, pasando por las mujeres expresamente belicistas. Esta dimensión común, y a pesar de la singularidad de cada mujer, es el sentirnos extrañas al razonamiento de la guerra (Bocchetti, 1996: 82), de su lógica, pero también de su imaginario, pues una mujer no puede pensar nada prescindiendo de su cuerpo.”

Estas últimas citas están sacadas de una reflexión que he escrito sobre las mujeres y la paz (en la pág. 14) que sirve de introducción  la unidad didáctica “Mujeres y cultura de paz” para la clase de inglés en secundaria, premiada en la IV convocatoria de los Premios Rosa Regás. Os invito a leerla si os interesa el tema. Me encantaría saber vuestra opinión al respecto. La podéis ver completa aquí.