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Sobre lenguaje

La vergonzosa sentencia del juez Del Olmo me ha dado que pensar sobre muchas cosas, pero en concreto sobre el uso (y maluso) del lenguaje.

Por si alguien no se ha enterado:

“La pena del hombre ha sido revocada porque, según la sentencia, “llamar zorra a la esposa no constituye menosprecio o insulto si quien utiliza este término lo hace para describir a un animal que debe actuar con especial precaución”. Según la sala, esta palabra, utilizada en una conversación entre adultos, puede no considerarse ofensiva “si se hace para destacar la astucia de la persona”.

¡Qué manera de tergiversar! ¿Desde cuando “zorro” y “zorra” se usan de manera equivalente? Por mucho que diga el DRAE…  ¡Qué indignación siento!

Esto da mucho que pensar, entre otras cosas, a pensar sobre la manipulación de la lengua, su uso y mal uso con fines políticos. Y no es este el único caso, lo mismo ocurre con el llamado “lenguaje no sexista”. El tan denostado, debería decir.

Cuando se critica el hecho de utilizar un lenguaje no sexista, se nos olvida que lenguaje no es sexista en sí mismo. Son las mentalidades las que viven en el sexismo y lo transmiten a través del lenguaje, el lenguaje no es sexista en sí mismo.

Precisamente lo he podido comprobar en mí misma recientemente en mis clases de bachillerato de inglés, trabajando una lectura de un texto narrado en primera persona, sin ninguna marca de género.Se trataba de una persona que había quedado con el famoso arquitecto Frank Gehry porque necesitaba su aprobación para un proyecto urbanístico y acaba atropellando al perro de este por causas fortuitas.

Las preguntas de comprensión del texto pedían información sobre el autor/a del texto (en inglés no hay diferencia entre el masculino y el femenino), y la mayoría de mi alumnado le adjudicó el sexo masculino al protagonista. Tan acostumbrada estaba a ver escrito “He” en las respuestas, que cuando me encontré un “She”, lo taché y lo corregí. Tuve que pararme para darme cuenta de que yo también había asumido que era un hombre la persona protagonista. De unos cincuenta textos que corregí, sólo tres daban sexo femenino al personaje. ¿Por qué tan pocas personas, tres chicas en concreto, pensaron que podía tratarse de una mujer? ¿Quizás pensamos que los temas urbanísticos no son “cosas de mujeres”?

Ni siquiera creo que sea esta la respuesta. Ni lo reflexionamos, elegimos el masculino por inercia. Nuestra mentalidad es sexita en el sentido de que tenemos asimilado todavía que el masculino es el modelo, y asimilamos el sexo masculino al género gramatical masculino. El neutro es el masculino, sin incluir al femenino en nuestra cabeza, por mucho que las reglas de nuestro idioma digan lo contrario.

El uso del lenguaje no sexista tiene que ver con una voluntad de querer hacer visible el hecho de que la sociedad la conforman hombres y mujeres y que ambos deben estar presentes en los discursos, ser nombrados en masculino y en femenino y evitar que el peligroso “neutro” masculino esconda la riqueza que pueden aportar las mujeres.

Lo genérico, lo neutro, lo universal es patrimonio de todos. Se debe denunciar la falsa universalidad, pero también se ha de reivindicar la participación de las mujeres en lo universal. Nosotras pensamos que no es cierto que lo genérico sea patrimonio común. Los vocablos en masculino no son universales por englobar a las mujeres. Es un hecho que nos excluyen. Se dice que son universales porque lo masculino se ha erigido a lo largo de la historia en la medida de lo humano. Así se confunden los genéricos con los masculinos. Como dice Fanny Rubio: La lengua será neutra pero no es neutral.”

Así reflexiona Teresa Meana en un interesante artículo sobre este tema. Y para saber más sobre el tema, leed este artículo, tratado desde el punto de vista lingüísitico, sobre sexismo en el lenguaje. El cambio de las mentalidades es el que traerá el cambio en la lengua, pero también podemos utilizar la lengua de una manera consciente para poder ayudar a cambiar mentalidades.

En estos artículos tenemos propuestas. En nuestras manos está.

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